Las formas de la sinrazón

De repente, abres una puerta y descubres el futuro en el pasado. La belleza en el vacío. Las formas en la ausencia de razón. Eso es lo que experimenté al entrar en la antigua iglesia desacralizada de San Juan Bautista, en Alarcón (Cuenca), para admirar la pintura mural de Jesús Mateo.

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La obra de dimensiones inabarcables ocupa el interior del templo y destila violencia, fuerza, caos… La naturaleza y el hombre son la excusa de este artista para sumergirnos en su propio universo, donde los trazos y los símbolos desdibujan la realidad y nos llevan desde los orígenes de nuestra civilización a las lejanas estrellas que cada noche nos gobiernan. La iglesia, absolutamente desnuda, otorga el silencio y la paz necesarios para poder admirar estas pinturas, para poder escucharlas. Un diálogo en ocasiones sordo con el que descifrar el propósito de la obra de Jesús Mateo.

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Las dimensiones de las pinturas y la complejidad técnica explican que Jesús Mateo (Cuenca, 1971) tardara ocho años en terminar la obra. Tras muchos bocetos y días sobre los andamios, en noviembre de 2002 daba por finalizada esta titánica empresa, propia de los artista del Renacimiento. Muchos han paseado desde entonces por la antigua iglesia de San Juan Bautista para admirarla. El escritor argentino Ernesto Sábato –que personalmente me cautivó con su obra El Túnel– escribió: “Lo descomunal de la obra, su belleza parece excedernos y también a su creador, tan deslumbrado como nosotros por esos murales que parecen surgidos espontáneamente de algún rito alquímico”.

Después de un largo rato contemplándola, te das cuenta de que apenas has comenzado a conocer la obra, que cada símbolo, cada pincelada, esconde cientos de significados que todavía estás muy lejos de comprender. Por eso, para seguir descubriéndola, adquirí un fantástico libro, Jesús Mateo, un ensayo fotográfico sobre las Pinturas Murales de Alarcón, donde distintos fotógrafos como Chema Madoz o Laura León aportan su particular visión de las pinturas murales. Por su parte, el documental El noveno día de la creación nos acerca un poco más a esta obra y a su proceso de creación.

En diciembre de 1997, la UNESCO otorgó el patrocinio oficial, declarándonas de interés artístico mundial. En palabras de Federico Mayor Zaragoza, presidente de la Fundación Cultural de Paz y ex director general de la UNESCO, “por considerarlo un acontecimiento artístico de gran calado absolutamente inusual”. La violencia en el trazo y la fluidez de las formas, que en ocasiones parecen derramar lágrimas, dan vida a un proyecto completamente vanguardista que nace del sueño de un joven artista, Jesús Mateo, que fue capaz de ver en un edificio abandonado de finales del siglo XVI, el lienzo para plasmar su propio universo de formas y color.

La obra, fruto de una locura reposada, descansa bajo el cobijo de esta iglesia herreriana situada en Alarcón, una pequeña población de Cuenca que se levanta sobre el río Júcar y está flanqueada, de una manera mágica, por una fortaleza medieval del siglo VIII que actualmente es un Parador. Durante la visita Hugo estuvo dormido, a pesar del frío que desprendían los muros de la antigua iglesia. Me pregunto qué hubiera pasado por su cabeza al abrir los ojos y verse rodeado por tanta belleza, caótica e inusual belleza.

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