“El peor de los maltratos es aquel que recibes de tus padres”

La principal función de los padres es apoyar a sus hijos, ofrecerles un entorno seguro para que puedan desarrollarse como personas. Cuando eso falla, el mundo de los pequeños se desmorona, una situación que ningún niño en el mundo debería vivir. En la Charla selenita de esta semana hablamos de maltrato infantil con Lucía Pastrana, psicóloga especialista en Psicodrama y Psicología de la Maternidad, y experta en terapia sistemática, terapia breve y en Psicopatología de la Infancia y la Adolescencia.

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Aunque cueste entenderlo hay muchos menores que sufren maltratos, ¿vivimos en una sociedad violenta?
Sí, vivimos en una sociedad violenta, pero sobre todo, hoy en día vivimos en una sociedad en la que la información está a nuestro alcance, incluida la violencia que nos rodea. El instinto agresivo forma parte del ser humano como ayuda a la supervivencia. No obstante, en un estudio muy interesante del psicólogo Steven Pinker se observa una disminución de la violencia a lo largo de la historia. De hecho, fue a partir del movimiento por los Derechos de los Niños cuando hemos empezado a tener conciencia de que los castigos físicos no son educativos.

¿Por qué crees que los adultos tienen estas conductas con las víctimas más indefensas que puede haber?
No hay una sola causa y cada caso tendrá sus matices, pero los motivos más frecuentes están asociados a personas impulsivas, con baja autoestima y dificultad para empatizar con el otro, unido a determinas circunstancias como problemas económicos, relaciones de pareja deterioradas, abuso de sustancias… Desde el punto de vista cultural, destaca la idea que tenemos de los niños como pequeños adultos. En muchas ocasiones se interpreta su conducta desde un punto de vista adulto, de tal manera que resulta más irritante. Además tenemos que señalar que todavía hay muchas personas que consideran que los castigos físicos leves son positivos.
Si tenemos en cuenta la manera en la que nuestros padres nos educaron, vemos que aquellas personas cuyos padres les enseñaron a regular sus emociones con su ejemplo al mismo tiempo que sintonizaron con sus necesidades y sentimientos, son más capaces de responder de esta manera con sus hijos.

La violencia no solo puede ser física, ¿cuál deja mayores huellas?
El peor de los maltratos, con independencia del tipo, es aquel que recibes por parte de tus padres o tutores. Más allá de los golpes, el mensaje que recibe el niño es que aquella persona que tendría que protegerle es la que le provoca miedo.
Una de las funciones básicas de los padres es proporcionar la base segura desde la que nos desarrollamos como personas y desde la que podremos obtener la confianza y el deseo para explorar el mundo.

¿Qué tipo de actos violentos sufren habitualmente los niños?
Una de las definiciones de maltrato infantil más aceptada es “todas aquellas acciones que van en contra de un adecuado desarrollo físico, cognitivo y emocional del niño, cometidas por personas, instituciones o la propia sociedad”. En función de esto podemos distinguir el maltrato físico, la negligencia o abandono, el maltrato psicológico y el abuso sexual.

Sin embargo, paralelamente cada vez la sociedad, los padres, son más permisivos con los niños quitando, por ejemplo, autoridad a los profesores.
La generación anterior a los padres de hoy tendía a ser muy autoritaria. Algunos padres intentan cambiar la educación que recibieron con conductas totalmente opuestas.
Por otra parte, hay padres que por cuestiones laborales, no pasan mucho tiempo con sus hijos. A veces sus reacciones vienen desde la culpa por no estar con ellos.
Saber qué cosas hay que cambiar no siempre te da las claves para llevarlo a cabo. Los padres intentan buscar una nueva manera de actuar en libros y blogs como este, pero la parte emocional que tiene que ver con nuestras vivencias es necesario tratarla con profesionales. La maternidad y paternidad es una oportunidad para crecer como personas.

¿Cómo podemos detectar que un niño está siendo víctima de malos tratos?
Los síntomas son muy variados. Alguno de ellos son aislamiento, síntomas depresivos, fobias, pesadillas, inseguridad, agresividad, problemas para relacionarse con sus iguales, bajo rendimiento escolar, trastornos de comportamiento, ansiedad, dificultad en el manejo de emociones y expresión…

¿Qué hay que hacer en ese caso?
Ponerlo en conocimiento de las autoridades. Es necesario proteger al menor y ver cuál es la mejor manera de actuar en función de las circunstancias de cada caso.
Si fuera posible es importante ayudar a los padres a mejorar sus habilidades parentales y a manejar sus respuestas emocionales.

Y con el menor, ¿cómo podemos eliminar el daño causado?
La función parental no sólo corresponde a los familiares, también es una responsabilidad de la sociedad, de la comunidad. Si otros adultos establecen una relación sana y reparadora con esos niños, ayudara a mitigar las consecuencias del maltrato. Precisamente en eso se basa la resilencia que observamos en algunas personas que aún viviendo circunstancias muy duras consiguen desarrollarse y relacionarse con los demás con normalidad.

Hemos escuchado muchas veces lo de que un cachete a tiempo viene bien ¿estás de acuerdo?
No, de ninguna manera. Más allá de conseguir que un niño haga lo que le pides, nuestra misión como educadores es enseñarles cómo gestionar sus emociones. Si cuando nos enfadamos les damos un cachete, lo que le estamos enseñando es cómo reaccionar ante el enfado o la frustración.

¿Cómo hay que inculcar los límites a los niños?
Con amor, calma y seguridad. Los límites son cuidado y protección. Los límites importantes los tenemos claros y los transmitimos sin vacilar.

Hay niños muy ‘pegones’, ¿qué podemos hacer para corregir esa conducta?
Para saber que hay que hacer tendríamos que valorar la función que tiene para ese niño actuar de esa manera. El primer paso siempre es pararse a entender al pequeño, lo segundo será enseñarle alternativas para expresar o conseguir lo que quiere.

Para terminar, ¿qué consejo darías para afrontar una situación límite con nuestro hijo de manera no violenta?
Con paciencia, con ellos y con nosotros mismos. Los adultos tienen problemas, están cansados, necesitan tiempo para sí mismos, para descansar, para coger fuerzas. En el día a día no siempre pueden tener ese espacio y los niños siempre te requieren toda tu paciencia porque siempre quieren toda tu atención.
Es importante pararse a pensar sí parte de la situación límite tiene que ver con cómo estamos nosotros hoy, y por otra parte, recordar que los niños no saben expresar lo que les pasa como los adultos, no pueden explicarnos que están cansados, que han tenido un mal día o que quieren que dejes todo lo que estás haciendo para estar con ellos porque el día ha sido muy largo sin ti.
La manera de afrontar las situaciones difíciles parte de darnos cuenta que su intención no es fastidiar por fastidiar. Verlo así nos ayuda a estar más tranquilos para poder entender que le pasa y traducírselo para que vaya aprendiendo a poner palabras a lo que le sucede.

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