“Hay que educar con el ejemplo”

¿Quién no ha tenido alguna vez dudas a la hora de educar a sus hijos? ¿Quién no piensa con cierto miedo en la adolescencia? Para ayudarnos en la maravillosa y a veces complicada labor de ser padres Pedro García Aguado, orientador juvenil y conductor del programa Hermano mayor, y Francisco Castaño, educador especializado en chavales con problemas de conducta, han publicado el libro “Aprender a educar”, en el que, con un tono cercano y práctico, nos recuerdan temas tan esenciales como los valores, las normas, los límites o la estimulación del talento de nuestros hijos.

En la Charla selenita de esta semana hablamos con ellos sobre su libro y sobre las pautas para conseguir que nuestros hijos sean niños y adolescentes autónomos, empáticos y felices.

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El objetivo del proyecto Aprender a educar es sensibilizar a padres y educadores sobre las necesidades educativas de los niños y de los jóvenes. ¿Cuáles son esas necesidades?
Pedro:
Una de las necesidades importantes cuando los niños son pequeñitos es detectar, si los hubiera, trastornos de aprendizaje o en el comportamiento y si no detectar cuáles son las características propias de un niño que te va a poner las cosas muy difíciles en su educación, como puede ser que no acepte las normas, que no acepte el no, que no sepa manejar la frustración y te monte pataletas por todo… Esas necesidades no son del todo conocidas por los padres y tendemos a educar por inercia, lo que hicieron conmigo va bien, lo que yo he hecho con mis dos hijos anteriores va bien… pero a veces hay algunos hijos o hijas que necesitan una atención especial, y creo que es una necesidad importante de la que los padres tenemos que darnos cuenta.

Francisco: El proyecto Aprender a educar nació desde ese punto de vista, ayudar a las familias a educar a sus hijos. Muchos decimos que solo por el hecho de tener un hijo no se sabe educar, por lo tanto hay que aprender a educar.

¿Cuáles son las principales carencias que detectáis actualmente en la educación de nuestros jóvenes?
Pedro: Tiempo, ganas de hacerlo bien, falta de información, sobreprotección… Tememos que les pasen cosas pero también es necesario enseñarles a sobrevivir. Otro error es premiarles por cosas que son obligatorias. Me ha ayudado en casa, ha hecho la cama… pues muy bien hijo, te quiero mucho pero no te voy a dar ni un euro porque es tu obligación. Aunque sí que le diremos que lo ha hecho muy bien.

Francisco: Exacto, muchas veces nos olvidamos del refuerzo positivo, cuando hacen algo bien es importante valorarlo y a veces solo nos fijamos en lo malo, y eso también baja la autoestima.

A veces me da la sensación de que el nivel de frustración de los jóvenes actuales es demasiado bajo.
Pedro:
La frustración es grande pero la capacidad de vivir con ella es muy pequeña, es decir, estamos creando auténticos chavales con problemas para vivir el no, para vivir en la adversidad, y aceptar que las cosas no sean como ellos quieren. Eso provoca frustración mal llevada e insatisfacción. Y como están acostumbrados a tenerlo todo desde ya, el deseo de satisfacción inmediata no satisfecho crea muchísima hostilidad, muchísima agresividad.

Y una vez que esa situación está instalada, ¿qué podemos hacer para solucionarla
Pedro:
Reconocerlo, no culparte como padre y acudir a los especialistas.

Francisco: Es muy típico señalar al hijo y decir mira lo que hace pero si no hay ningún tipo de trastorno ni de patología también tenemos que ver qué hemos hecho nosotros y cambiar. Hay que reconducir al padre.

Pedro: No hay que sentirse culpables pero los padres tenemos que asumir las cosas que no hemos sabido hacer. Y decir si esto que estoy haciendo me da este resultado, vamos a cambiar. Pero mucha gente por vergüenza no se atreve a reconocerlo.

¿Y eso cómo se consigue?
Francisco:
Yo cuando me llega una familia al despacho con un hijo que se comporta mal siempre les hago una pregunta: ¿Cuando tu hijo quería algo lo tenía? Y la respuesta suele ser: siempre.

Después de haber visto tanto casos de jóvenes con problemas, ¿encontráis algún patrón común en todos ellos?
Pedro: Si no hay patologías psicológicas o psiquiátricas hay un denominador común siempre y puede ser la sobreprotección, el no poner límites, la fisura educativa entre los padres, que sean demasiado autoritarios lo cual provoca rechazo en el hijo… Para nosotros lo importante es no rendirte nunca. De los 0 a los 12 años puedes preparar a tu hijo para entrar en la adolescencia, que es una etapa muy difícil, de una manera más equilibrada. Si tú dejas que todo ocurra y en la adolescencia estalle puedes tener un problema, porque no es lo mismo un berrinche de un niño de 3 que de uno de 17.

¿Y qué pautas esenciales daríais a los padres?
Pedro:
Primero conocer cuál es la personalidad de tu hijo, si es un hijo retador, si es dócil, si tiene la autoestima alta o baja, si acepta las normas, si se relaciona bien con su entorno… Y después quererlo con locura, sea de los fáciles o de los difíciles, que nunca note que hay un rechazo por cómo es, porque aunque sea un cabrón tienes que quererle y dentro de eso le tienes que educar para que viva en una sociedad siendo como es pero sin hacer daño a los demás ni hacerse daño a sí mismo. A partir de ahí las pautas son las de siempre: sentido común, refuerzo positivo (algo fundamental para subir la autoestima), ponerle retos y no solucionarle todos los problemas. Normas y límites, y las consecuencias que tendrá si se salta esos límites.

En vuestro decálogo habláis de consecuencias, no de castigos, ¿cuál es la diferencia?
Pedro:
 A mí el castigo me retrotae a latigazos, a sanciones penales… No se puede castigar a un hijo por ser niño. Un niño se tiene que portar mal, tiene que ser gamberrote, tiene que liarla… castigarle por ser niño no lo veo bien. Tiene que vivir el problema que se puede causar si no cumple ciertas normas.

Francisco: Lo que está claro es que en la vida todo lo que hacemos tiene consecuencias, positivas o negativas. Ellos tienen que aprender que la vida funciona así, y tienen que saber que todos los actos tienen consecuencias. Las consecuencias son educativas, sirven para que él sepa que cuando hace algo, ocurre algo. Enseñan a responsabilizarte de tus actos, si tú preguntas a un niño porqué ha hecho algo él siempre tiende a justificarse, y las consecuencias enseñan a responsabilizarse.

Pedro: Si no al final tu hijo llega a los 20 años, se pone a trabajar le despiden, y siempre la culpa será del jefe, convencido de que es así y sin ser consciente de que él lo ha hecho mal. Eso con la crisis ahora se puede ver muy bien, muchas familias le echan la culpa de todo a los bancos pero todos hemos sido responsables y tú dentro de casa tienes que asumir tus propias responsabilidades y cuando tu hijo te pregunte tienes que explicarle que los bancos dieron créditos pero papá metió el coche, la moto, la casa de campo y papá no tenía dinero para pagarlo y tu hijo te preguntará porque lo hiciste y entonces es cuando te enfrentas realmente a la consecuencia y a la responsabilidad.

Francisco: No solo educamos con lo que decimos sino con lo que hacemos. Hay que educar con el ejemplo.

**Y la charla dio para mucho más, no te pierdas la segunda parte de la entrevista el lunes que viene en el blog**

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3 pensamientos en ““Hay que educar con el ejemplo”

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